Te juras y te perjuras que no vas a quedar más con esa amiga que nada más hace que criticar a los demás. “¡No y no! ¡No pienso pasar más rato con ella!” Sin embargo, a la semana te llama y accedes a tomar un café…” Es que pobre, no tiene más amigas…” Pero vuelves a casa y no puedes evitar sentirte mal contigo misma. No sólo por haber invertido tu tiempo en cosas que no te aportan, sino también por haberte traicionado a ti misma.

Tu jefe te pide que te quedes a acabar un trabajo que es urgente. Tú gustosamente lo haces. A la semana siguiente vuelve a pedírtelo, tú ya te mosqueas: “cómo si no hubiera más gente en la oficina”, pero una vez más accedes sin rechistar. Y es que realmente tu jefe sabe que no puedes decir que no y que no te vas a quejar. ¿A quién mejor se lo iba a pedir?.

Ya está tu hermana y tu cuñado organizándoos el fin de semana. Vosotros que querías pasar un finde de tranquis…Que si el sábado a la playa, que si el domingo de barbacoa… En fin, ¿quizás el próximo podréis tener un poquito de relax?. ¿Cómo vas a decir que no a tu propia familia?

Estás en la cola del super y viene una señora y se cuela…”¡Tendrá morro! ¡Cómo si los demás no tuviéramos prisa!”  Pero no le dices nada, y dejas que se cuele.

¡Claro que está bien hacer cosas por los demás! A todos nos llena de satisfacción el poder ser útiles, el problema viene cuando siempre antepones lo que los demás quieren a tus propios intereses y/o deseos. Siempre preocupándote por los demás, te sientes mal contigo mism@ si no puedes hacer algo por ellos, te sientes culpable, tienes miedo a que si les dices que no, dejen de quererte, de pensar en ti, dejes de ser un “buen” amigo, etc.

Resulta agotador estar siempre pensando y actuando en esos registros. Y además, pero ¿qué pasa cotigo? «Con todo lo que hago por los demás y siento que nadie hace nada por mi…Me gustaría saber decir que no, pensar en mi, no sentirme mal, quererme y valorarme…»

Si todo lo anterior te es familiar, ¡estás de suerte! Lo que te sucede tiene nombre y solución; falta de asertividad que se resuelve con un Entrenamiento en Habilidades Sociales y  Asertividad.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás

¿Y esto qué quiere decir?

La asertividad es una habilidad ligada al respeto y al cariño por uno mismo y por los demás. Constituye la capacidad que nos permite relacionarnos con los demás en el mismo plano, de tú a tú, reconociendo que ellos pueden ser mejores en alguna habilidad, pero no sitiéndonos por eso inferiores, ni tampoco superiores a nadie.

En este sentido, la asertividad constituye un camino hacia la autoestima. La persona no asertiva suele tener una necesidad imperiosa de ser valorada y reconocida por los demás. Estas personas pueden ser consideradas como personas tímidas, prestas a sentirse pisoteadas y no respetadas, o por el contrario, personas agresivas, que pisan a los demás y no tienen en cuenta las necesidades del otro.

Así pues, la asertividad también podría definirse como

una forma de comunicación, consistente en la defensa de nuestros derechos, en la expresión de nuestras opiniones y sugerencias de forma honesta, sin llegar a ser agresivos o pasivos, respetando a los demás y sobre todo, a nosotros  mismos y a nuestras necesidades.

Características de la asertividad

Si pensamos en la asertividad como una habilidad social y comunicativa, nos encontramos con que se sitúa a medio término entre la pasividad y la agresividad.

Podemos diferenciar  cuatro estilos de conducta y sus correspondientes características de personalidad;

  1. La persona sumisa
    • La persona sumisa no defiende sus derechos e intereses personales. Respeta los de los demás, pero no se respeta a sí misma.
  2. La persona agresiva
    • La persona agresiva defiende en exceso sus derechos e intereses personales, sin tener en cuenta a los demás.
    • Suele carecer de habilidades para afrontar ciertas situaciones.
  3. La persona agresivo-pasiva
    • Las personas pasivo-agresivas se encuentran a medio caballo entre las conductas sumisas y las agresivas.
    • Su estrategia principal es el chantaje emocional, que los demás le hagan favores, a base de hacerles sentir culpables.
  4. La persona asertiva
    • La persona asertiva sabe decir no y mostrar su postura hacia algo aunque todos los demás estén en contra.
    • Sabe expresar sus sentimientos de forma respetuosa con los otros, mostrando comprensión hacia ellos.
    • Sabe realizar peticiones ante un problema o situación, también cuando siente que no está siendo respetada.
    • Se autoafirma, exige respetuosamente su derecho a ser escuchada y tenida en cuenta
    • Resuelve conflictos respetando todas las partes.

Claro que estas categorías no son puras; es decir, dependiendo de la situación una persona puede comportarse de diferentes maneras. Se puede ser asertiv@ en un contexto laboral, pero no en uno familiar o viceversa.

Causas de la falta de asertividad

Las principales causas por las que una persona puede presentar problemas de asertividad son:

Aprendizaje inexistente o inadecuado: las habilidades/conductas de asertividad se aprenden, corresponden a hábitos o patrones de conducta aprendidos por imitación y refuerzo. En la historia de aprendizaje anterior puede haber ocurrido que las conductas asertivas no se reforzaran, o se castigaran, o que se obtuviesen más refuerzos cuando se emitían conductas sumisas o agresivas, etc.

La conducta asertiva se emite parcialmente debido a la ansiedad: una situación concreta en la que ha sentido ansiedad queda ligada a ésta, de manera que ante una situación similar o incluso totalmente diferente (generalización), la respuesta de ansiedad y poco asertiva se vuelve a producir.

La persona desconoce/rechaza sus derechos: ya sea por la educación recibida, por la influencia de los medios, etc. Así pueden darse conductas poco asertivas como pensar en los otros antes que en nosotros mismos, es vergonzoso cometer errores, hay que ser mejor que los demás, etc.

Los derechos asertivos

Corresponden a los derechos que todos poseemos, pero que muchas veces olvidamos, a costa de nuestra autoestima.

No nos sirven para pisotear a los otros, sino para mantenernos a la misma altura que ellos.  Si los sacrificamos frecuentemente, estamos dando pie a que los otros se aprovechen de nosotros.

Algunos de nuestros derechos asertivos son

Tratamiento para mejorar la asertividad

El Entrenamiento  en Habilidades Sociales y Asertividad suele comenzar identificando las conductas erróneas que se presentan y analizando qué sistema de creencias va en contra de los derechos asertivos de las personas. El objetivo principal en esta fase es delimitar exactamente el problema para poder solucionarlo. Para ello nos valdremos de la observación precisa de las situaciones donde se dan estos comportamientos.

La información resultante de este análisis nos permitirá conocer si el problema proviene de algunos esquemas mentales erróneos, de la falta de habilidades o de una excesiva ansiedad. Normalmente intervienen en cierta medida las tres posibilidades, pero según el factor principal, se desarrollarán unas técnicas u otras; técnicas de reestructuración cognitiva, entrenamiento en habilidades sociales y/o técnicas de reducción de la ansiedad, como la relajación y/o el mindfulness.

Ejercicio para trabajar la asertividad

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